<<<<<<<<<<< LA ESPIRITUALIDAD COMO CRECIMIENTO PERSONAL >>>>>>>>>>>>>

                                                                       PASAR PÁGINA 
                                                                                                                 JOAQUIN TAMAMES

He dormido muy profundamente esta noche y el descanso me ha reparado. Me he levantado con la mente muy limpia e incondicionada, con esa sensación de frescura y calma mental que a veces nos llega y que nos sitúa de modo distinto ante la vida y el mundo.

Me he tomado un café en el silencio de la mañana temprana, sólo roto por el suave susurrar de la brisa en los chopos (suenan como un arroyo), y he estado observando cómo los pensamientos llegaban y se iban, intentando que ninguno de ellos se enganchara y alterara mi estado de quietud. Y he leído algunos de los mensajes inspiradores con los que intento empezar el día, desde hace muchos años, y que para mí son la puerta a la labor diaria desde otra consciencia, casi desde una atalaya: me preparo para todos los intercambios de cada jornada desde las palabras más elevadas, que sirven no solo de guía, sino también de refugio.

De repente, fuertemente, me ha llegado un pensamiento insistente, que no ha pasado ante mi como los otros: pasar página, mirar adelante, no atascarme; considerar que todo lo pasado en esta vida ha sido aprendizaje para a partir de ahora surgir nuevo, como si volviera a nacer pero con toda la experiencia acumulada. Y sin tener que pasar otra vez por todas las dependencias naturales (bebé, infancia) o artificiales (las que cada uno se impone, las que nos imponen otros) que condicionan la vida de las personas.

Pasar página significa ver todo con otros ojos, rompiendo patrones de pensamiento cristalizados y también caducos; significa mirar al otro como si fuera la primera vez; significa redescubrir muchas cosas: la belleza del amanecer y del anochecer, el cielo azul, el sol que nos calienta, el bellísimo contraste de la naturaleza bañada por el sol, el heroísmo que existe en el mundo (si, es cierto que hay mucha traición, pero también hay innumerable nobleza y heroísmo). Significa decirse a uno mismo: el mundo comienza hoy, mi nueva vida comienza ahora, el futuro es una página abierta, llena de potencial. Decirse a uno mismo: el equilibrio, la calma, la ecuanimidad, sólo dependen de mi. Decirse a uno mismo: no importa que haya pasado de los cincuenta o de los sesenta o de los setenta, pues la vida empieza ahora, en toda su dimensión y belleza, como un milagro que se recrea cada vez. Prometerse a uno mismo: es tiempo de trabajar por aquel exhorto recibido hace dos mil años: “amaos los unos a los otros”. Es tiempo, como acertadamente escribió mi querido profesor Juan Iglesias, “de que el Evangelio se estrene en Europa” (podemos extender esta frase al mundo).

Pasar página requiere dar la espalda a todo lo que atasca. A las murmuraciones y rumores, a las maledicencias, a las conversaciones vanas y estériles, a las actividades que no aportan nada al alma, a todo aquello que niega nuestra realidad superior, nuestro ser, y en cambio abona nuestra personalidad, nuestro ego, cuyas manifestaciones más zafias son realmente zafias. Significa no recrearse en aquel o en aquella que nos hicieron daño, sino simplemente entender que aquel daño fue fruto de su ignorancia o de la nuestra, merecedora de compasión, pues todo vuelve, sin remisión. Significa empezar a entender nuestra doble realidad como alma y personalidad, que necesitan ser integradas aquí en esta vida, para lo cual no tiene sentido renunciar a la materia (que es nuestro vehículo) sino habitarla en el mayor equilibrio para que algún día el espíritu se manifieste pleno también aquí en la tierra. Significa intentar huir de todo lo que contamina y emborrona, de lo que nos densifica, de todo aquello que nos ata a la tierra sin permitir que despleguemos nuestra capacidad innata.

¿Y cuál es nuestra capacidad innata? Ya se ha dicho muchas veces, “pensar como dioses en vez de pensar como hombres”, a partir de la afirmación de “Sois dioses” que aparece en el Evangelio de San Juan. Esa es nuestra capacidad innata, pero resulta más que evidente para cualquier observador que los humanos nos hemos olvidado de ello, que hemos renunciado a ello, quizás para manifestar justo lo contrario.

Pasar página significa superar el pasado. Es fundamental superarlo para no seguir atascados. Hay que retener las enseñanzas del pasado para no tropezarse de nuevo en la misma piedra, pero es muy importante arrinconar definitivamente las injusticias, cuitas, infidelidades que hemos recibido y que también hemos emitido al lugar de nuestra mente en el que deben estar: desde luego no en primera línea, prontas a ponerse en la mesa. Y si el pasado se recrea, que sea con la máxima limpieza y ecuanimidad: para proponer justicia y nunca venganza o revancha. Como ejercicio higiénico para poder empezar de nuevo.

Estamos viviendo los hermosos días del verano, los más largos del año, que nos regalan sus calores y sus brisas, sus cielos despejados y generosos. Muchos de estos días los perdemos en insultos, en ofuscaciones y odios. Este escape energético es un desperdicio colosal y somos los primeros damnificados. Nos autolesionamos de continuo. No tiene ningún sentido. Por eso es tiempo de mirar adelante sin engancharse en el pasado, en todos los ámbitos, para escribir en un papel limpio y blanco, intentando que sea con buena letra y la mejor disposición.

Todos y cada uno de nosotros necesitamos pasar una o muchas páginas. Esto requiere valentía y desapego. Pero es el único camino para empezar a vivir despiertos, desde la mayor consciencia. Y estar despiertos significa aumentar nuestra capacidad de percepción para ver más allá de lo aparentemente visible. Supone empezar a escuchar y entender otros mensajes que proceden de un mundo mucho más sutil. Y supone también que somos responsables de la energía que emitimos y que tenemos que estar a la altura de los tiempos.

Leo en “las hojas del jardín de Morya” acerca de las páginas que nos depara el futuro, y con esa idea presente en la cabeza empiezo este día lleno de posibilidad y de armonía con ese hermoso objetivo de trabajar en sosiego y en paz.

               “Aceptad lo accidental como preordenado.
               Todo es previsto por Nosotros.
               Cada acontecimiento aparentemente fortuito es una página del futuro.
               Laborad con valor, y en paz.”

Joaquín Tamames es licenciado en Derecho y Master por el IESE de Barcelona. Ha desarrollado su vida profesional en el sector financiero. Impulsor de la FUNDACION ANANTA (www.fundacionananta.org), dedicada a diseminar los principios de la sabiduría intemporal en el mundo de la empresa.

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                                                             ¿NO NECESITAMOS PROFETAS?


                                                                                                           JOSE ANTONIO PAGOLA


«Un gran profeta ha surgido entre nosotros». Así gritaban en las aldeas de Galilea, sorprendidos por las palabras y los gestos de Jesús. Sin embargo, no es esto lo que sucede en Nazaret cuando se presenta ante sus vecinos como ungido como Profeta de los pobres.
Jesús observa primero su admiración y luego su rechazo. No se sorprende. Les recuerda un conocido refrán: «Os aseguro que ningún profeta es bien acogido en su tierra». Luego, cuando lo expulsan fuera del pueblo e intentan acabar con él, Jesús los abandona. El narrador dice que «se abrió paso entre ellos y se fue alejando». Nazaret se quedó sin el Profeta Jesús.
Jesús es y actúa como profeta. No es un sacerdote del templo ni un maestro de la ley. Su vida se enmarca en la tradición profética de Israel. A diferencia de los reyes y sacerdotes, el profeta no es nombrado ni ungido por nadie. Su autoridad proviene de Dios, empeñado en alentar y guiar con su Espíritu a su pueblo querido cuando los dirigentes políticos y religiosos no saben hacerlo. No es casual que los cristianos confiesen a Dios encarnado en un profeta.
Los rasgos del profeta son inconfundibles. En medio de una sociedad injusta donde los poderosos buscan su bienestar silenciando el sufrimiento de los que lloran, el profeta se atreve a leer y a vivir la realidad desde la compasión de Dios por los últimos. Su vida entera se convierte en "presencia alternativa" que critica las injusticias y llama a la conversión y el cambio.
Por otra parte, cuando la misma religión se acomoda a un orden de cosas injusto y sus intereses ya no responden a los de Dios, el profeta sacude la indiferencia y el autoengaño, critica la ilusión de eternidad y absoluto que amenaza a toda religión y recuerda a todos que sólo Dios salva. Su presencia introduce una esperanza nueva pues invita a pensar el futuro desde la libertad y el amor de Dios.
Una Iglesia que ignora la dimensión profética de Jesús y de sus seguidores, corre el riesgo de quedarse sin profetas. Nos preocupa mucho la escasez de sacerdotes y pedimos vocaciones para el servicio presbiteral. ¿Por qué no pedimos que Dios suscite profetas? ¿No los necesitamos? ¿No sentimos necesidad de suscitar el espíritu profético en nuestras comunidades?
Una Iglesia sin profetas, ¿no corre el riesgo de caminar sorda a las llamadas de Dios a la conversión y el cambio? Un cristianismo sin espíritu profético, ¿no tiene el peligro de quedar controlado por el orden, la tradición o el miedo a la novedad de Dios?
                                                                         http://www.eclesalia.net

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                                                     DIOS DE LA TIERRA, DIOS DEL UNIVERSO

                                                                                                                                 Federico Sánchez

        “Todo preguntar es un buscar. Todo buscar tiene su dirección previa que le viene de lo buscado.”
                                                                                       Martin Heidegger (El ser y el tiempo)

   Decía Zaratustra, singular personaje creado por Federico Nietzsche: “¿Será posible? ¡Ese santo anciano no ha oído aún en su bosque que Dios ha muerto!”. La relación del hombre con la fuente de la energía universal, siempre ha sido complicada. Diríamos que se establece una relación de amor-odio, querer y no querer, de aceptación-negación, de complementariedad… Incluso para quienes niegan la existencia de una realidad trascendental al ser humano.

   ¿Vivimos dando la espalda a Dios? Hoy día, para muchos seres humanos Dios no existe. Si, puede resultar contundente nuestra afirmación; no obstante, si observamos (con un mínimo de rigor y sin ningún tipo de falso apasionamiento) y paramos a examinar nuestra vida, día a día, instante a instante, nos sorprendería comprobar que, en la práctica, vivimos manifestando que Dios es ajeno a nuestro diario existir.

   Cierto, una cuestión es ignorar y otra distinta negar; en la realidad, nuestra realidad, equivale a lo mismo. En nuestro mundo occidental parecen que han quedado perdidos en la “noche de los tiempos” aquellas vivencias infantiles de miedo y espanto ante un dios (en minúscula) de terror, justiciero y vengativo. Hoy día, en nuestro universo más cercano y próximo, la relación con el Creador -si afirmamos que Dios es sinónimo de Creador, de fuente original- ha variado considerablemente (¿quizás demasiado?), hasta el extremo de vivir una existencia cotidiana alejada de las fuentes de la trascendencia.

   La relación del hombre con Dios no esta ligada, en exclusividad, a la religión, ni siquiera al ámbito de la filosofía, arte o ciencia. Es una relación personal, íntima, profunda, vivencial y experimental. Si vaciamos de estos contenidos nuestra percepción estaría incompleta, igual que una mesa a la que la falta una pata de apoyo. Sin embargo, solemos asistir a una serie complicada de actuaciones que pretenden mostrarnos una visión estática, atrapada en el tiempo y excesivamente dogmática de Dios. Si, rígida, asfixiante, carente de sentido práctico y nada comprometida con el humanismo de nuestras vidas, lo que de verdad necesitamos como auténtico sentido y consuelo (soy consciente que esta palabra posee un significado que provoca cierto rechazo para algunas personas).

   ¿Que papel juega la religión en el siglo XXI? Desde nuestro punto de vista, todas las religiones tienen una clara responsabilidad en el distanciamiento del hombre respecto a Dios: demasiada teología, muchos dogmas, leyes, ritos… una lista interminable de prohibiciones, limitaciones y castigos han plasmado un mapa de indiferencia ante el hecho religioso en su manifestación.

   La ciencia (las ciencias sería lo correcto de afirmar, dado que la palabra ciencia es una pura abstracción) pretende cubrir el papel de la religión a la hora de explicar el universo, el mundo y al hombre; la ciencia intenta quitar los “miedos ancestrales” del ser humano, explicar el origen de la vida. ¿Y el sentido de la vida?, ¿por qué y para qué existo?, ¿quién soy yo?... Las eternas preguntas siguen golpeando nuestras mentes pensantes. La ciencia no consigue explicar aquello que está más allá de su propio campo de comprensión. Lo que es finito y temporal está sometido a la ley natural de “nacer, crecer, brillar y apagarse”; el ciclo de la vida, de la naturaleza es contundente: aquí, en nuestro mundo todo esta sometido a la mutabilidad, al cambio, a la impermanencia…

   “Dios de la tierra, Dios del universo” son cara y cruz de una misma realidad existencial humana. El dios (en minúsculas) de la tierra es temporal, manejable según nuestras propias expectativas mundanas, partidistas, interesadas, pequeñas y mezquinas… siempre cambiantes según nuestro estado de ánimo; el Dios (en mayúsculas) del universo es eterno en el tiempo, inmutable en su esencia, origen y fuente de toda creación, la unidad a la que el ser humano, inconscientemente, ansía regresar.

   Las religiones concretas y naturales nos hablan y perfilan un “dios de la tierra”. La filosofía muestra un panorama, en apariencia, más completo, pero insuficiente. Los místicos, en cambio, viven la experiencia directa, certera y maravillosa de una trascendencia real, de un “Dios del universo”.

   Es importante que hagamos una reflexión: la voluntad de vivir implica, necesariamente, la voluntad de estar sano. Los complejos de culpabilidad son uno de los mayores obstáculos para nuestro bienestar. La tensión implica miedo y agresividad; no es el miedo lo que nos motiva, sino la alegría; la satisfacción se revela como un incentivo para nuestra creatividad.

   El reino humano es distinto del reino de la física clásica. Vivimos en un mundo construido por nosotros en el plano físico, emocional, psicológico y energético; un mundo, en definitiva, en el eje horizontal. Poseemos la capacidad de hacer algo nuevo e influir en la materia física que forma nuestro propio cuerpo. Si no fuéramos más que máquinas, sólo un mecánico podría aspirar a cambiarnos; pero somos más que esa realidad y podemos transformarnos, también, nosotros mismos.

   Debemos partir de nuestro propio universo interior, de nuestro sentir más profundo…Por ello, es preciso encaminar nuestros pasos hacia una seria y profunda integración con nuestro ser interior, día a día, estando en la senda adecuada para triunfar como seres humanos.

   La palabra es fuente de creación, es vida, es fuerza real y auténtica. La Mística es sinónimo de Vida plena, de abarcar lo inabarcable, de vivir y existir…Existe una piedra, el Ser Humano vive su experiencia finita y terrenal como esencia de trascendencia, de plenitud armoniosa, reconfortante y sosegada…

   Desde la experiencia mística podemos comprender lo inexplicable, aprehender lo infinito, calmar la sed de un corazón herido que grita en los silencios de la eternidad que toma forma en el presente, nuestro presente.

   Vivir es una experiencia maravillosa y única, de la cual debemos dar gracias. Vivir…Vivir el presente desde el presente, sintiendo la fortaleza de la energía del universo que se manifiesta a través de la realidad personal e íntima del ser, nuestro ser. Cada día es una nueva oportunidad de ser nosotros mismos, de autoconocernos, comprendernos, aceptarnos y amarnos…respetando a nuestros semejantes, hermanos y compañeros en el recorrido de la vida.

   En las palabras llenas de poesía, sonoras, bellas y armoniosas de ese místico universal que fue y es Juan de la Cruz:

                           “Entréme donde no supe
                            y quedéme no sabiendo,
                            toda ciencia trascendiendo”…
                            Y aún, con mayor precisión y concreción:
                            …“Y, si lo queréis oír,
                           consiste esta suma ciencia 
                           en un subido sentir
                           de la divinal esencia;
                           es obra de su clemencia
                           hacer dejar no entendiendo,
                           toda ciencia trascendiendo
."

   La espiritualidad está al alcance de todo ser humano. Vivir es algo maravilloso… Vivamos la vida con autenticidad y plenitud. ¡Seamos más místicos… y menos filósofos y religiosos de la existencia!

Federico Sánchez es místico, filósofo y orientador espiritual, además de presidente de la Sociedad Española para la Difusión de la Espiritualidad. 

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                                                                CONOCIMIENTO INTERIOR

                                                                                                                    COSMOXENUS

Conócete
Aíslate de toda vibración externa. Enciérrate en lo más profundo de tu ser.
Despierta tu Sinfonía latente. Escúchate a ti mismo. Así descubrirás el porqué de la vida, y conocerás tu camino.
Entonces ve consciente por el mundo. Y cumple tu destino con la confianza del que sabe a dónde va, y cómo ha de llegar.
Todo esta en ti
Busca en tu interior. Allí está tu Sendero y tu Luz. Sé libre. No esperes que alguien guíe tus pasos. No pretendas que los demás vivan según tus deseos. Cada uno ha de ir adelante, por su propio esfuerzo y su propio camino. Todo lo que hagas por ajena influencia y no por convicción propia, deformará, retardará tu propia vida. Realiza todo lo que sientas en ti y lograrás ascender.
Vive tu vida
Vive tu vida en toda su plenitud. Que tu Espíritu vibre intensamente al contacto del mundo, y despertarás el Infinito que dormita en ti. Que nada turbe la serenidad de tu corazón; la armonía interior es indispensable a todo progreso y conocimiento. Cumple tu deber con sencillez. Todos tienen un mensaje para ti. Tú también tienes un mensaje para todos. No desprecies ni un segundo de tu existencia. Vive alerta.
No maldigas el dolor
El espolón del dolor tiene por objeto encauzar nuestros pasos, pues sólo entra en acción al quebrantar las Leyes de la Vida. Por eso el sabio, al descubrir que la vida es una eterna alegría, dirige sus pasos por el Sendero del Deber y el dolor se aparta de él. Pero los que aún no saben se dejan arrastrar por sus pasiones y sus instintos. Y al desviarse, el dolor se enseñorea de ellos. Entonces reniegan de la vida, cuando les envía el dolor para que reaccionen y busquen el conocimiento. Cuida tu existencia, para que siempre armonice con la Vida, y la felicidad anidará en tu corazón.
Ama todas las cosas
Tu corazón es una lira. No dejes que se atrofie en el silencio. Mientras no vibre al influjo del amor, estará en tinieblas. El rencor emponzoñará tu existencia, y a cada instante tropezará en las asperezas del camino. Purifica tu corazón, ama todas las cosas por igual. En todo momento, busca la nota que vibre en armonía con cada ser. Todos esperan que el amor ilumine tu corazón, para fundirse contigo, y volcar en el tuyo, el tesoro de sus corazones. En ese eterno intercambio del amor, irás comprendiendo, y asimilando siempre más. Tu Espíritu, cada vez más radiante, percibirá la Unidad del Todo. Y en su goce será semejante a un Dios.
Ama la vida
En su eterna ascensión los seres van descubriendo en su mundo interno, las sucesivas Leyes morales, siempre adecuadas a sus diversos grados y modalidades.
En las horas solemnes del recogimiento, se elevan al espacio, los cantos de los que hallaron su senda:
¡Vivir es soñar!¡La vida es amor¡¡Vivir es perdonar!¡Comprender, ¡Libertad¡,¡Y a través del Infinito, la inmensidad afirma¡ Lo esencial es Vivir !Seguid cualquier camino; siempre avanzaréis.
Ensayad cualquier sistema: siempre contribuiréis a la Armonía Universal.
Evolución
Todas las posibilidades, están latentes en todos los seres. Conforme se evoluciona, van generando deseos, sentimientos, poderes, siempre de los inferiores a los superiores. Lo que llamamos mal, odio, dolor, tinieblas, fealdad, disonancia, son aspectos inferiores del bien, del amor, del placer, de la luz, de lo bello, de la armonía, así como el cuerpo, es aspecto inferior del alma, y ésta del espíritu. Cada aspecto o eslabón de la cadena infinita, entra conforme actúa, deja la experiencia y el conocimiento necesario, que capacitan al ser y a la sociedad, para alcanzar el aspecto o eslabón superior. No huyas, pues, de ninguna manifestación. Aprende en cada circunstancia la lección del momento.
Armonía
Todo se relaciona y se complementa; desde lo más grosero a lo más sutil.
Cada cosa ocupa un lugar adecuado en el conjunto.
Lo que parece despreciable o superfluo, llena una necesidad, cumple una misión. No desprecies ni una cosa, ningún ser. En la Sinfonía Universal, caben todos los sonidos, todos los tiempos, todos los matices. Vislumbra y comprende la infinita diversidad de la vida. Armoniza, pues, el bien general con tus aspiraciones más sinceras. Llena tu vida sencillamente, con lo más elevado que lograres despertar en tu interior.
Acción
Eres surco, semilla y labrador. Que tu voluntad se esfuerce en realizar todos tus ideales. Todo lo que sientas y pienses has de traducirlo en acción, si quieres realmente vivir. Pero recuerda que todo reacciona inevitablemente sobre su autor.
Así, vigila tu cerebro, y tu corazón, domina tus actos. Sé útil y agradable. Que lo noble y lo puro se identifique contigo, para que ninguna reacción te hunda en el dolor y el arrepentimiento.
Encauzado en la línea recta del saber, no temas la hora de la cosecha.
Porque entonces todo será motivo de goce. Tendrás la satisfacción del deber cumplido; habrás contribuido al bien general y estarás capacitado para seguir adelante.
Realización
Fluya sobre todos los seres la dulzura de tu corazón. Sé justo, sencillo y puro; vive en constante actividad, así tus facultades engendrarán, al perfeccionarse, más amplias capacidades, siempre para ascender. Elévate sin cesar hasta la paz del conocimiento. A la luz de tu espíritu de artista descubre y muestra a los demás, las infinitas bellezas de la vida.
Exalta y fomenta las virtudes y los anhelos que laten en todos los seres.
Comprende y realiza siempre más, la Fraternidad Universal. Así vibrarás en armonía con el Infinito, y serás un centro de luz y actividad. Irradia constantemente serenidad, energía y alegría. No desperdicies tu existencia en vanos derroches. Afirma tu personalidad. Define y encauza tu acción. Entonces no vaciles por nada del mundo; persevera en el esfuerzo inicial. Atento al fin propuesto, no des reposo a tus facultades, hasta que el triunfo sea completo. Así cada jornada de tu vida, será un nuevo motivo de felicidad y elevación
Conciencia
No admitas ni niegues nada, sin antes analizarlo serenamente. Es preferible la duda antes que la fe ciega, o la negación sistemática. Razona y discierne siempre. No importa quien sea el que quiera enseñarte. Acepta sólo lo que armonice con tu ideal, o te inspire otro más elevado. Medita. Escucha tu voz interna. Sólo ella sabe y debe guiarte. Sigue el sabio consejo. En la duda abstente. Tu obra ha de reflejar lo más puro y lo más sincero de tus aspiraciones. No seas tímido ni impulsivo... permanece siempre sereno. Sé dueño absoluto de tu conciencia.
Sabiduría
Saber, es vivir, actuar y realizar. Toda la sabiduría teórica, se desvanece ante un buen ejemplo. El goce de hacer, es superior al de saber. Si crees que tu ideal es indispensable a los demás, realiza en ti mismo, y después en tu radio de acción más inmediato. Así habrás sembrado, con el ejemplo la semilla necesaria y con la experiencia adquirirás la claridad y la persuasión necesaria para hacerte oír con respeto. Después te sigan o no, avanza tranquilo. La semilla fructificará por sí sola, y buena o mala ya recibirás las consecuencias. Así irás dominando la ciencia de la vida y marcharás con paso seguro hacia la meta.
Ascensión
La vida avanza en una transformación ascendente. Toda manifestación, tiende a convertir lo inferior en superior, a realizar lo mejor. Dirige a este fin tus esfuerzos y acciones. Todos debemos marchar al unísono. Un sólo eslabón que se detuviera, paralizaría toda la cadena. La solidaridad nos obliga a levantar al caído, alentar y hasta arrastrar al rezagado. Este es el fin primordial del Amor y Fraternidad. Jamás te creas sólo y aislado. En cualquier lugar y circunstancia todos esperan y confían en ti. No hagas que el desprecio o la conmiseración obliguen a los demás a cargar contigo. Debes bastarte a ti mismo y ser útil a los demás.
Alquimia
Aprende la sublime Alquimia del espíritu. Busca siempre la Luz. No te quejes de nadie ni nada. Si algo te parece malo, tienes tu voluntad poderosa para transformar; debes convertirlo todo en luz, y en recompensa todo iluminará tu senda.
Esfuérzate en capacitarte. Toda ascensión necesita de tu concurso. No te abstengas jamás de colaborar con el conjunto en la acción dirigida al bien; tu espíritu irá conquistando nuevas cumbres, nuevas verdades.
Selección
Así, como el todo influye sobre ti, influyes sobre todo. Pero la Ley de la Armonía dirige y modifica de acuerdo al Plan Cósmico, toda reacción de ser a ser. Desarrolla en ti lo más elevado y sólo él dirigirá e influirá tus pasos. Selecciona siempre.
Tu mismo debes buscar tu Sendero y realizar. Elige los medios más adecuados y fáciles. Discierne y sigue siempre lo mejor.
Así hallarás tu camino y ascenderás radiante y feliz.
Confianza
Todos venimos del mismo punto y vamos al mismo fin. Pero cada ser avanza por un camino distinto. Cada uno tenemos un ideal propio, un concepto diverso sobre cada cosa, de acuerdo al camino recorrido y al punto de vista en que nos colocamos.
La verdad está en cada ser un poco, en la medida de la elevación avanzada.
Todos tienen su razón personal para pensar y obrar a su manera. Así, sé tolerante en el más amplio sentido. No temas la crítica motivada por la incomprensión. Sea lo que concibas, como lo más adecuado a tus capacidades y posibilidades.
Siempre que vislumbres algo mejor, avanza tranquilo.
Ten confianza en ti mismo. El triunfo es de los que osan y perseveran.
Bondad
Al sentirte capacitado para ser útil, sé todo corazón. Adquiere la sencillez del niño y la perseverancia del sabio. Con bondad infinita inclínate hasta el mismo plano donde actúan los que quieren ayudar. Sé uno con ellos. Al armonizar elévate poco a poco, jamás seas brusco ni impaciente. No pretendas imponer; ilumina y guía. Así lograrás que asciendan contigo, hasta realizar el ideal propuesto. Al proceder así, todos creerán, que si han avanzado se debe a su propio esfuerzo. Más vale así.
Porque reconociendo tu ayuda no pensarán en aplaudirte, ni en criticarte. Y ni el orgullo ni el temor te harán peligrar en tu puesto de acción. Cumple tu deber, por la íntima necesidad de ser útil y no por afán de grandeza. Por este camino adquirirás energías para abarcar el Infinito y podrás sembrar el bien a manos llenas.
Constancia
Si el desaliento te abate, medita; la serenidad confortará tu espíritu y te hará más sabio para el futuro. Si la calumnia te muerde no te alteres, pon en la herida un poco de bondad y castiga al culpable, ¡pobre niño! con toda la ternura de tu corazón.
Si el odio quiere alcanzarte, sonríe y perdona. Tu amor ha de ser poderoso, todopoderoso. Si la envidia pretende trabar tus pasos, elévate y vuela sobre ella. Si la indiferencia te rodea, ten calma. Amplia tu espíritu en un anhelo de comprensión. Y tu palabra logrará penetrar hasta lo más íntimo de tus hermanos. Si el dolor se ceba en ti, transfórmalo en Luz, en luz de experiencia, y tropezarás menos. Si un laurel te alcanza, alerta. Permanece sereno. Sé aún más sencillo. El orgullo destruirá tu obra. Si el silencio resuena a tu paso, alégrate. Es el triunfo. La soledad te dará alientos para volver y proseguir tu labor con tranquilidad.
Teúrgia
Deja que el mal vaya hacia ti. Todo el mal que recibas, es una oportunidad que se te ofrece para que hagas una obra de amor, convirtiéndolo en bien.
Recuerda que tú mismo sembraste las espinas que te lastiman al pasar. Así, no guardes rencor al que te perjudique. No la aumentes con la ruin venganza. No trates de descargar sobre otros tu carga de dolor. Sonríe siempre ante los demás, aunque sufras. Haz en lo posible la felicidad de los que te rodean.
Aprovecha toda circunstancia para hacer un bien. Descubre siempre el mejor aspecto de la Vida, para que sereno, puedas ascender libremente. Toda materia tiende a ser Espíritu. Toda tiniebla, Luz. Sé el Taumaturgo que convierte lo inferior en superior, por el empleo constante de tus facultades más elevadas.
Rodea con todo el amor y ternura de tu corazón, todo lo que está a tu alcance. Haz siempre lo más y lo mejor que puedas. Y ante todo, haz sólo lo que sepas que es un bien.
Para alegrar y disipar el mal, basta la sola presencia del Bien.
Sé un brazo más que ayuda a la humanidad en su ascensión.
Contribuye a despertar el sentimiento de solidaridad.

                                                COSMOXENUS. www.el-amarna.blogspot.com 

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                                          REFLEXIONES SOBRE LA VIDA Y LA MUERTE…
                                                          …MAS ALLA DE LA CIENCIA

                                                                                                                                Federico Sánchez
                                                                                                                                   Victoria Morillo

   Desde que el ser humano adquirió conciencia como tal, desde que las criaturas humanas de la especie Neandertal en vez de desechar los cadáveres de sus congéneres, los sepultaban ceremonialmente, la andadura racional constituye un duro esfuerzo intelectual por descifrar el enigma más constante y real que representa la propia finitud de la especie: la muerte.


   Es curioso comprobar cómo el interés del hombre en la vida después de la muerte, ha permitido a las generaciones posteriores satisfacer su curiosidad con referencia a la vida antes de la muerte de sus antecesores. Efectivamente, gran cantidad de material de naturaleza arqueológica ha sobrevivido gracias a ser parte de la dotación, del equipo que preveían a sus muertos.


En los tiempos pretéritos de nuestra historia, la personalidad humana no sólo se interesaba en la vida después de la muerte, aún más, la aguardaba con esperanza o temor, lo que posibilitaba que ambas emociones lo indujeran a ahondar en el fenómeno.


   No es de extrañar que exista una pugna, un constante deseo de trascendencia, que supere esa sensación de caos final que aparece con las primeras manifestaciones del cese de la vida. La propia responsabilidad inherente a la conducta humana lleva a sensibilizar el tejido que constituye su frágil estructura de ser pensante, remueve los cimientos del edificio que sostiene toda su personalidad, le conduce a una duda angustiosa basada en la incertidumbre.


   En nuestra época contemporánea, vemos un cambio sustancial de actitud frente al cese de la vida. Efectivamente, todo parece ir debidamente encaminado a un proceso de prolongación de las facultades vitales; ciertamente, existe una poderosa tecnología consagrada a la subsistencia. Con frecuencia, es factible encontrarnos ante una prolongación mecánica, artificial del ser humano y al que conscientemente se le priva de la participación en el último acto de la conciencia, en esa experiencia extrema.


   Existe un claro contraste entre las culturas de sociedades desarrolladas tecnológicamente y las de menor desarrollo, incluidas las culturas antiguas y orientales, donde la muerte es considerada y juzgada como una parte importante del proceso de la vida. Saber morir requiere un aprendizaje como, igualmente, lo requiere el vivir: aprender a morir es considerado un aspecto integral del vivir, de la existencia.


   Vida y muerte son cara y cruz de una misma realidad. A lo largo de la historia del pensamiento universal, la filosofía y la muerte van unidas como pueden ir la filosofía y la vida. Platón afirmó que la filosofía es una meditación sobre la muerte. Pero si bien el hombre es para la física o las ciencias naturales un eslabón más de la cadena de la naturaleza, como es obvio, la muerte del hombre en toda la historia del pensamiento tiene un status superior: es la muerte por excelencia. En general, podríamos decir que buena parte de la historia del pensamiento racional esta referida a la muerte humana por el mismo motivo que buena parte de ella está dirigida al problema de la vida humana en sus aspectos éticos, social, político, espiritual, etc. Así, sociológicamente hablando, la muerte humana no es solo un fenómeno natural, sino fundamentalmente un fenómeno social. La muerte no solo la referimos a los muertos, también tiene una importante proyección en el mundo de los vivos.


   Desde un punto de vista psicológico, diríamos que la muerte humana es más muerte que la de otros seres vivos, porque ella misma es sentida como muerte, como cesación personal y no como un mero instinto de supervivencia propio de los animales irracionales.


   La muerte como fenómeno humano tiene múltiples aspectos; uno de los que más han preocupado en la historia de la filosofía (del pensamiento universal) y de las religiones es el problema de ¿qué hay después de la muerte?, ¿qué ocurra cuando morimos?: ¿perecemos del todo y para siempre o nos espera otra vida? El destino del hombre después de la muerte es una cuestión fundamentalmente religiosa. Aunque muchas filosofías se lo han planteado cuando menos como telón de fondo. La mayor parte de las grandes religiones son inmortalistas en el sentido de que no prevén un fin para el hombre o para el elemento más esencial del mismo: el alma. Esta inmortalidad se manifiesta de diferentes maneras. Bien como reencarnación y transmigración en las religiones orientales; bien como la idea de otro mundo superior a éste que será la morada de nuestras almas en la eternidad (cristianismo e islamismo). Es lógicamente este último sentido el que más ha imperado en el mundo occidental, siendo el pensamiento griego –fundamentalmente a través de Platón- el que inspiró esta idea de una vida más plena después de la muerte.


  Para la ciencia, en cambio, no constituye una cuestión de naturaleza esencial, al menos así lo indica la línea de investigación desarrollada, partiendo de la premisa del aquí y ahora, de lo medible, repetible y experimentable. Ahora bien, la nada, la angustia, la vida inauténtica y la alienación, son otras formas de muerte aunque éstas se produzcan en vida.


   Cuando queremos acotar la realidad, podemos comprobar que nuestra perspectiva se manifiesta insuficiente para abordar la totalidad: somos finitos –aunque nos rebelemos-, temporales, limitados por nuestra propia naturaleza. No obstante, el ser humano ha desarrollado esfuerzos considerables para trascender esta limitación. Su deseo de inmortalidad lleva a plantearle cuestiones esenciales: ¿de donde procede la inquietud cuando se observa a si mismo y a su alrededor y lo que ve esta sometido a leyes inexorables de mutabilidad, de cambio permanente?, ¿y el anhelo de supervivencia más allá de lo que manifiesta su biología?


   La ciencia, con su modelo (recordemos: siempre mutable) ofrece soluciones concretas, prácticas; aporta explicaciones que dan sentido a una realidad cósmica, planetaria y humana. La física contemporánea no se agota (no puede hacerlo) en si misma. La física crece y en su crecimiento va camino de fusionarse con estructuras que pierden su carácter rígido. Desde estas páginas, jamás obviaremos el papel que la ciencia juega en el conjunto del conocimiento y equilibrio humano. No obstante, nuestros paso van encaminados en otra dirección, citando a A. Koestler: “No hay misterio alguno en las consecuencias físicas de la muerte. Después de la muerte, el cuerpo material se desintegra. Se reintegra a los componentes inanimados de la biosfera. Entre los componentes animados e inanimados de la biosfera existe un permanente intercambio. Los miembros de todas las especies se nutren de materia viva y eliminan materia de desecho, mientras estén vivos…Pero un organismo viviente no se reduce a la materia que constituye su cuerpo; es un espécimen de materia animada; y un ser humano no sólo es animado, sino consciente, y tal conciencia lo capacita para escoger entre opciones diversas, para recordar hechos pretéritos, y para prever ciertos hechos futuros –entre ellos, su muerte, eventual aunque inevitable-“


   Vivir es una experiencia maravillosa. Sentir que somos libres, autónomos, responsables…es sentir cualidades básicas de nuestra personalidad; aparentemente, han quedado alejados tiempos tenebrosos para nuestra especie, donde resultaba casi imposible reflexionar sobre cuestiones que eran tenidas y sostenidas como dogmas inmutables. No podemos olvidar, no obstante, que siempre debemos estar atentos, conscientes. Vida y muerte son cara y cruz de una misma realidad: la nuestra.

Federico Sánchez es Místico, Filósofo, Especialista en Espiritualidad, además de Presidente de la Sociedad Española para la Difusión de la Espiritualidad (SEDEL). Victoria Morillo es Profesional de la Salud, Periodista especializada en Salud y Bienestar, además de Presidenta de la Sociedad Española de Ayuda al Duelo y a una Muerte Serena y Lúcida (SEAMUS) 

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                                                      ESPIRITUALIDAD Y PAZ INTERIOR 
                                                                                                                             
   El Ser Humano tiene necesidades. Necesidades que deben ser cubiertas día a día. La necesidad de alimentarse, la necesidad de vestirse, de tener un techo… necesidades biológicas, relacionadas con la supervivencia que son esenciales a nuestra especie. Además, existen otras realidades que poseen similar importancia a las anteriores y que, generalmente, solemos prestarles menor importancia: el bienestar emocional (pensamientos, sentimientos, emociones…) que es sinónimo de salud integral. Todo lo anterior, sumado, equivaldría a disfrutar de una calidad de vida correcta, adecuada y equilibrada. ¿Sería suficiente sólo lo anterior?


   El Ser Humano es un ser complejo, en permanente estado de movimiento y cambio. La realidad racional no es tan simple como aparentemente se presenta. Sentir y experimentar es una constante a nuestra especie. Tener conciencia (palabra favorita en la Era de Acuario en la que estamos inmersos) es ser responsables de diferentes opciones, saber elegir entre un abanico de posibilidades; sí, sólo tiene sentido emplear el concepto conciencia si lo referimos al conocimiento externo e interno de la realidad circundante al Ser Humano.


   No todo parece agotarse aquí. ¿Existe “algo” llamado Espiritualidad? En nuestra era actual, tecnológica y sometida a una aceleración extremadamente dinámica, donde los avances de las ciencias parecen querer eclipsar el sentido de visión humanista de nuestra especie, podemos comprobar, fácilmente, todo lo contrario a lo aparente; sobre todo en tiempos de crisis.


   El deseo (mejor sería llamarlo anhelo) de inmortalidad está tan acusadamente marcado en nuestro tiempo -presente y actual- que nos impide olvidar el verdadero sentido de nuestra existencia y finalidad. Queramos o no, vivir es un acto de fe que debemos experimentar constantemente cada día, sin miedos al fracaso, “que dirán” o circunstancias adversas que nos preocupen o paralicen.


   El Ser Humano no es sólo una compleja maquinaria sofisticada, que puede ser reparada permanentemente, cambiando las piezas gastadas por otras nuevas; si todo fuera tan sencillo, no tendríamos la maravillosa capacidad para seguir formulando las eternas preguntas que, desde nuestros ancestros, siguen golpeando nuestra conciencia: ¿Quién soy?, ¿por qué estoy aquí?, ¿a dónde dirijo mis pasos?.....


   La Espiritualidad pretende dar respuestas a este tipo de preguntas. Es correcto afirmar que no sólo hay una forma de Espiritualidad, y que bajo esta denominación se encuentran -en muchas ocasiones- planteamientos de naturaleza poco edificante y que nada tienen que ver con lo espiritual. La necesidad esta presente, como si se tratara de una semilla o germen, en la naturaleza humana… La necesidad de buscar, indagar y preguntar por nuestra propia realidad, existencia y finalidad es inherente a nuestra especie, forma parte nuestra, desde siempre, llevándola en nuestros genes vitales y culturales.


Como bien señalan las acertadas palabras de Lao Tse:
   “Darse cuenta de que nuestro conocimiento es ignorancia, es una noble comprensión interna.
               Considerar nuestra ignorancia como conocimiento es enfermedad mental.
            Sólo cuando nos cansamos de nuestra enfermedad, dejamos de estar enfermos.
                           El sabio no está enfermo, por estar cansado de la enfermedad.
                                                        Este es el secreto de la salud”
                                                                                                            Tao Te King, 71


   En nuestro espíritu esta mostrar (demostrar implica mayor capacidad expositiva y de conocimiento) la realidad de nuestra vertiente espiritual, necesaria y del mismo nivel (cuanto menos, si no superior) de esas otras necesidades biológicas y existenciales que tenemos como especie.


   Para todos aquell@s amantes de la búsqueda, de su búsqueda vital, la que da sentido a la vida personal y auténtica, a todos, a ti y para ti, citar las palabras de Buda (el Iluminado):
  “Todos los estados perjudiciales tienen sus raíces en la ignorancia y convergen en la ignorancia;

            al abolir la ignorancia, todos los demás estados perjudiciales serán también abolidos” 
 
   La ignorancia no es otro cosa que falta de conocimiento; cuando tenemos auténtico conocimiento poseemos las llaves de la liberación del miedo, ofuscación, dolor y sufrimiento que nos perturban e impiden desarrollarnos, apresándonos con las gruesas cadenas de lo perecedero, temporal y finito de la vida.


   Desde la Espiritualidad podemos romper esas cadenas de lo cotidiano y existencial, de lo efímero y minúsculo que nos separa de la realidad plena de nuestro ser. Nuestra consciencia es una herramienta maravillosa que nos permite crecer, ampliando y expandiendo los límites espacio-temporales, para conectar con la esencia que llevamos en lo más profundo de nuestro interior.

   Concluiremos nuestra reflexión con unas palabras de Jesús de Nazaret, (El Cristo):
                   “Reconoce lo que tienes anta tu vista y se te manifestará lo que te está oculto,

                                pues nada hay escondido que no llegue a ser descubierto

Federico Sánchez es Místico, Filósofo, Especialista en Espiritualidad, además de Presidente de la Sociedad Española para la Difusión de la Espiritualidad (SEDEL).